“Mentiras y gordas” (I)

22 05 2009

Tiempo atrás, en España por no hablar sin propiedad, se vivió una época de gran represión donde las cosas se hacían como los mandatarios dijesen. Ni más, ni menos. Podréis estar pensando en el franquismo, pero no es necesario quedarnos con los últimos 60 años de nuestra historia, podemos remontarnos a épocas pasadas donde eran las monarquías absolutas las que lo controlaban todo.

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Poco a poco el sistema ha ido evolucionando y actualmente, como sabéis, vivimos en una democracia donde demos significa pueblo y krátos es gobierno. Gobierno del pueblo, pues. Sí, eso es… o al menos lo que nos ha hecho creer una nueva clase social llamada “políticos”. Una nueva clase social que combina el don de la palabra con el de la mentira.

Los políticos nos han hecho creer que somos una clase con fuerza económica, que podemos tener varios pisos y un par de coches por familia, que podemos cantar bajo el agua caliente de la ducha y además tenemos, entre muchos otros, derecho a unas vacaciones en el Caribe. Nos han hecho enfrentarnos entre unos y otros por razones insignificantes. Nos miramos con envidia hasta tal punto de enfermar cuando alguien tiene más que nosotros. Y todo bajo el esperanzador “gobierno del pueblo”.

Hay más de 2,000 millones de personas en el mundo (2,000,000,000 para que se vean los ceros en su máximo esplendor) que no tienen acceso a agua potable y algunos menos que ni siquiera tienen nada para comer, mientras, en la sociedad democrática del bienestar social, nos permitimos el lujo de operarnos las tetas, arreglarnos una nariz o leer en un paquete de droga “fumar puede matar”. ¡Qué hipocresía tan grande! Y lo peor de todo es que nos lo creemos, como tontos, y lo apoyamos, como imbéciles. ¿No llamó Hitler a su sistema de gobierno nacionalsocialismo y llegó al poder mediante las urnas?





¡Malditas ilusiones!

12 12 2008

Dicen que soy pesimista y en cierto modo es una gran observación -y cierta- por parte de quien lo dice y quienes sin hacerlo saber, lo piensan.
No creo que sea algo malo y, aunque involuntario, no me disgusta que sea mi modo de ver las cosas. Al menos no del todo.

Produce una gran satisfacción cuando una de esas ilusiones se cumple. Cuando la idea que tenías en la cabeza debía concluir mal, pero acaba del mejor modo posible.
Cuando el pensamiento es optimista y no finaliza de la mejor manera posible, el ánimo decae al instante.
Mi gran amigo, el pesimismo.

La persecución del equilibrio

La persecución del equilibrio

Sin embargo hay algo que no termina de convencerme. No me gusta, y no es bueno, darle mil vueltas a la cabeza sobre un tema, el cual estás totalmente convencido que va a terminar mal. Estás caprichosamente convencido que va a acabar mal.
Hace que cambies el ánimo, que te enfades con los que más quieres, que produzcas rechazo.

Para colmo, no logro encontrar un término intermedio. Cuando abandono un modo y me apodero del otro aparecen las ilusiones. Ilusiones, malditas, que se desvanecen en unos minutos y que hacen que no te comprendas a ti mismo. Que no entiendas por qué creas esas tan bonitas imágenes que se volatilizan, cuando , desde el desconocimiento, desde la insegura intuición, aseguras que deben desaparecer.

Debo aprender a controlar las emociones. Se apoderan de mí.





Lo difícil llega ahora

6 12 2008

Tras unos cuantos meses sin actualizar y sin esperanzas de hacerlo, he decidido limpiar todo el blog. Bueno, no exactamente eliminarlo todo, ya que he guardado las entradas como si fueran borradores. Soy incapaz de borrarlo, aun sin tener nada que valiera la pena.

Sisifo en pleno castigo

Sísifo en una imposible tarea. Comparable a la de actualizar este blog

A partir de ahora no sé qué voy a escribir. Está claro que en las condiciones anteriores del blog no iba a postear absolutamente nada. Más que nada porque no sabía sobre qué hacerlo. Si he decidido empezar de cero ha sido por variar un poco. Por escribir algo que realmente interese a alguien. Algo que valga la pena.

Ahora comienza lo bueno. O eso espero.